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La cultura Condorhuasi - Parte III

Setecientos años de evolución

La cultura Condorhuasi, como expresión del espíritu humano -individual o colectivo-, fue, desde luego, el resultado de una lenta y larga evolución en el tiempo del modo de ser de este pueblo, que demandó un proceso de alrededor de 700 años (200 a.C. - 500 d.C.). Pero ella puede exhibir, como en pocas sociedades, la profundidad de las transformaciones sociales, políticas, económicas y religiosas, que en conjunto sintetizaron el progreso cultural de Condorhuasi. Esto es lo que da cuenta acabadamente el mensaje que sobre todo el arte de esa comunidad dejó para la historia, como muestra viva de su crecimiento espiritual.  Los avances históricos de Condorhuasi se pueden medir también desde otros rastros arqueológicos, como las ruinas de sus viviendas o cementerios, pero es en la producción de sus manifestaciones artísticas donde mejor reveló esta cultura el desarrollo de su inteligencia y todos sus talentos dormidos. Lo hizo, como se vio, en la piedra y en…

La cultura Condorhuasi - Parte II

   Dioses para cada actividad    Eran las mismas deidades que, al final de la vida, acompañaban también a la muerte. De hecho, la mayoría absoluta de la iconografía en cerámica hallada en esta cultura fue extraída de las tumbas de los cementerios. Estos sepulcros eran amplias cámaras de 2 o 3 metros de profundidad que se ensanchaban en el extremo inferior, donde podían caber uno o más cuerpos y se depositaban vasos, platos y fuentes de cerámica, adornados de incrustaciones de oro, que esbozaban la figura de felinos. Hubo igualmente otras esculturas de piedra. A veces la tumba disponía de una pequeña cámara lateral que servía para agregar estos objetos ofrecidos para el viaje eterno de quien había muerto. Incluso, este ofertorio se completaba con el ajuar personal del difunto, es decir, la suma de sus objetos y adornos personales metálicos, líticos o de arcilla. La muerte de un miembro de esta comunidad iba escoltada, del mismo modo, de la muerte de una llama, que era sacrificada para …

La cultura Condorhuasi - Parte I

El gran valle de Hualfín, en el noroeste de Catamarca, fue sobre todo el medio ambiente que eligió este pueblo, cuyo nombre verdadero se esconde en la niebla del tiempo, conocido en la ciencia arqueológica como Condorhuasi, para identificarse con el lugar donde al cabo de los milenios fueron hallados los principales rastros de su modo de vivir y convivir, de subsistir, de ser y de creer. Todo aquello, en definitiva que en conjunto fuera el producto cultural de un espíritu colectivo que evolucionó con los siglos hasta mostrarse como la identidad compacta de un pueblo que resistió a la depredación del tiempo.    Hubo otras manifestaciones de la vida de este pueblo más allá de Hualfín, como las de Alamito en Campo del Pucará o las de la Ciénaga en el mismo valle de Hualfín, ambas consideradas por diferentes corrientes de investigadores como culturas independientes o como proyecciones de Condorhuasi. Lo cierto fue que esta sociedad, que aparece en la historia de la arqueología en…

Los Quilmes - Parte IV

La guerra

   El grito de alarma del centinela llegó rápido hasta la guardia del cacique, cuya residencia se alzaba arriba del pucará del cerro Alto del Rey. A lo lejos, a varios kilómetros al norte, hacia las tierras de los cafayates, los ojos vigilantes del custodio de la tribu podían ver el avance lento de cien, tal vez doscientos nativos que caminaban con marcha de guerra entre las arenas húmedas del río Yocavil. Eran los guerreros del pueblo vecino de Tolombón, quizás el más importante y poderoso del valle Calchaquí, que había decidido atacar otra vez a la comunidad de Quilmes, porque se sentía todavía invadido por ella, usurpado en su territorio y propietario de sus cosechas. Habían pasado ya unos dos siglos desde su llegada, alrededor del siglo IX, nuevas generaciones habían heredado esa rivalidad con los pueblos cercanos, y no era posible sin embargo una integración definitiva con ellos.    La mirada aguda y atenta del guardián desde la elevación de la fortaleza defensiva no de…

Los Quilmes - Parte III

La espiritualidad 

 Apenas despuntó entre las cumbres calchaquíes del oeste del valle, el sol se sorprendió con el rito que oficiaba el sacerdote mayor de los quilmes. Un pozo más o menos pequeño había herido la tierra sagrada a un costado de las grandes rocas que se levantan como altares naturales, justo en la mitad del pecho del cerro del Alto, el lugar más venerado de sus ceremonias religiosas. El hechicero se arrodilló lentamente sobre el agujero de la tierra y abrió un saco de piel de guanaco. Detrás de él, los hombres y mujeres que lo acompañaban por varias decenas obedecieron igualmente el gesto de reverencia del mediador con los dioses, mientras cantaban a media voz una copla ritual al ritmo monocorde de una caja circular de cuero. El viento de los primeros días de agosto empezaba a entibiarse con el aliento cálido de El Zonda cordillerano y alegraba hasta el lamento hueco de las quenas que se elevaba al sol como una plegaria. Sacó primero unas vasijas repletas de gran…

Los Quilmes - Parte II

La sociedad 

 La Pachamama, por supuesto, fue -es- la divinidad mayor entre sus creencias. Adoraban a la madre tierra porque de ella venían los frutos y ella también les prodigaba todos los recursos que sus necesidades individuales y colectivas demandaban. Pero además era este territorio una región agreste y seca, cuyas lluvias escaseaban siempre. En esa tierra, donde el agua era el oro incoloro, fue precisamente que ellos, con la misma obstinación que sus ancestros migrantes se rebelaron al dominio incaico, decidieron hacer de las faldas de esos cerros un horizonte fértil que saciara el hambre. Nada los desalentó. Ni los escasos trescientos milímetros por año que caían -y caen-, naturalmente en el verano, los apartó de aquel presagio de una convivencia segura. Presentían que allí podían construir una vida entibiada por el mismo sol de las rutinas de sus hombres y mujeres entretejiendo las tareas de cada día en años interminables de paz. Era este corredor ancho y profun…

Los Quilmes - Parte I

  Orígenes 

 Vinieron desde la puna chilena unos siete siglos antes de que el conquistador español descubriese su indomable coraje. Tal vez cruzaron la cordillera de los Andes a esa altura para pisar el altiplano argentino y bajar desde ahí a los valles del noroeste del país buscando a la madre tierra que los albergase definitivamente.
 La feroz rebeldía de los Quilmes les había impulsado a huir hacía el sur del Cusco antes que caer bajo el cruel yugo del imperio de los Incas. No se doblegarían a ser los esclavos del Tawantinsuyo, sumergidos en el polvo y las oscuridades de las minas de oro y otros minerales que explotaban los dominadores. Se resistieron incluso a hablar el quechua, el idioma oficial de ese imperio, y adoptaron entonces el kakán, que era la lengua de muchos de los pueblos que encontraron -y con los que convivieron- en la ruta de sus migraciones.
 Es verdad que la salida de los Quilmes de aquel territorio agreste del norte chileno es una hipótesis, porque no existen en…

Amaicha del Valle: historia de una auténtica comunidad indígena - Parte IV

Las guerras calchaquíes

A menos de veinte años de la primera entrada de los españoles al gran valle calchaquí, en 1562, los pueblos aborígenes de la zona se alzaron en contra de los intentos de dominación de los conquistadores. Juan Calchaquí, guerrero y jefe de los tolombones, sublevó a las numerosas tribus de estos valles en contra de la organización que había impuesto a sangre y fuego el poder colonial para someter a estos pueblos del mismo modo que lo había hecho con los de la llanura, esto es, bajo la imposición del sistema de encomiendas, a través del cual no sólo sojuzgaban a las colectividades indígenas sino que además se apropiaban de sus territorios. Eso fue justamente el nervio motor de la rebelión: sentir que perdían el sentido más profundo de la existencia, sentir que perdían a la Pacha, la madre tierra que los contenía y sostenía desde los tiempos sin memoria, frente a un futuro desolador, no sólo por la idea de vivir sin la tierra que les pertenecía, reunidos en pequeña…

Amaicha del Valle: historia de una auténtica comunidad indígena - Parte III

Las conquistas

Los pueblos vallistos se sometieron pacíficamente al dominio incaico y dejaron que esa cultura que resplandecía sobre ellos se incrustase imperceptiblemente en el espíritu de sus sociedades. Las obras imperiales, las nuevas costumbres para construir, para urbanizar, para refortificar las ciudades, la magnífica ingeniería que aplicaron en la red vial o la intensiva explotación de las minas, toda la legislación del imperio, que permitió levantar el andamiaje de un estado organizado a los largo y ancho de todos sus dominios, y sobre todo la poderosa herramienta cultural de dominación que fue la lengua oficial del Cuzco, transmitida a los sectores más elevados de las sociedades indígenas sometidas para que de ellos bajase el quechua a las grandes mayoría de la población, fueron inoculando la identidad de los pueblos hasta transfigurar definitivamente su espíritu. Fue, en verdad, una mutación invisible e intangible, deletérea y sutil, porque la invasión inca no intentó e…

Amaicha del Valle: historia de una auténtica comunidad indígena - Parte II

El rito profundo de la Pachamama
Todo empezaba el primer día de agosto. En el primer amanecer del mes de la transición del invierno hacia la primavera, comenzaba el despertar de la religiosidad amaicha que despertará después el sueño de la naturaleza en un ardor de reverdeceres, mientras el sol volverá a dar la vida sobre la tierra yerma de la estación del frío. Con las primeras luces del día, el sacerdote de la tribu -el chamán- reunía al cacique, los ancianos y al pueblo, en general, para comenzar el ritual a orillas de un pozo abierto en la tierra, como un gran vientre de la Pacha, que recibiría todas las ofrendas que simbolizaban los ruegos y cada una de las intenciones que llevaban los hombres y mujeres del pueblo. El hechicero se arrodillaba lentamente sobre el agujero de la tierra y abría un saco de piel de guanaco. Detrás de él, los hombres y mujeres que lo acompañaban por varias decenas obedecían igualmente el gesto de reverencia del mediador entre ellos y los dioses, mientr…