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Mostrando entradas de 2013

Poemario: "Hebras de tristeza"

Un ángel dormido descansa sobre el párpado de tu sueño. Tú sueñas que el cielo te protege, y él, que la tierra lo abriga.

Pero sólo la vida es real, como la tibieza de tu vientre henchido. Ahí se encarnó el amor. No hay mayor descanso que la líquida ternura de tus pechos.

Vuélvete, si puedes, que los días evaporarán la felicidad y el sol comenzará a descontar su luz. Tu eres la semilla que brotará del útero inagotable y tu palabra desovará en la oscuridad del silencio.

Tierra de ciegos que no creen ni lo que ven. Cielo de luces que ven hasta lo que creen. Vuelves a nacer y vuelven a matarte. Tú te vistes de Hombre, nosotros nos vestimos de dioses.

Las lágrimas de los cerezos cuelgan como estalactitas de soberbia que nos tapan el sol. Y nos sentimos el Universo.

Tú caminas en las calles ruidosas, levitas entre el apuro de la muchedumbre y tus rayos de humildad no pueden entibiar la sangre fría de los transeúntes aturdidos por el festejo.

A lo lejos, muy lejos, una ballena cruza altamar sólo para aparearse. Aquí, …

Poemario: "Cenizas"

Un coágulo de sombra puede apagar la belleza de la luz.

Hay un niño sin carne, un niño de huesos que llora con su estómago de aire. Hay un niño feliz, que ríe la saciedad de su inocencia. Almas gemelas, vidas extremas. El cielo las une, la tierra las divide. Una muere para que la otra viva.

Un coágulo de sombra puede apagar la belleza de la luz.

Hay un hombre que muere porque pudo ser feliz. Hay otro que muere porque no pudo saber que vivió.

Un coágulo de sombra puede apagar la belleza de la luz.

Hay un niño que cuelga de su moco la belleza. Hay otro que ríe su tristeza desde un iPad.

Un coágulo de sombra puede apagar la belleza de la luz.

Hay humo de tu dolor que sube al cielo. Mañana será lluvia de cenizas

Poemario: "La lección de amor"

Todavía quedan restos de luna en la cornisa del sol, como llamaradas que resisten de aquel amor que transfundió su luz a la noche.
Una voz del silencio, una sola, apaga la silueta de la oscuridad. El amor se hace cosecha. Los hombres no pueden amar como los astros.
¿Has visto luz adentro del sol? ¿Acaso puede quemarse el fuego? Su luz es el derrame para hacer más luz. Somos hijos de ese amor. Nosotros amamos nuestros ojos de noche y quemamos de amor nuestra sombra.
No hay más sol que yo mismo. Sus lenguas de luz se enroscan como serpientes, se degluten a sí mismo. Hemos vuelto en contra del útero que nos dio la vida.
La madre tierra tiembla, se encoge, se inunda, se apaga. Nosotros reímos. Somos hijos de aquella luz, pero elegimos las escamas de la noche, las lágrimas de la luna. La sangre del sol.

Poemario: "Mañana es Fukushima"

La uña de los caballos rasguña las nubes que se descaman de lluvia. Los dioses del fin vienen al trotecito. Nadie los ve, nadie los escucha. Nadie los siente. Todavía. El silbido del viento gime a Fukushima y los álamos despeinan su quietud. Las lenguas del sol duelen sobre la madre tierra. El campesino riega con sus lágrimas la semilla que morirá sin germinar. Un ángel llora sobre el veneno de las mareas, teme la carcajada lejana de los hombres. La llovizna pesa y astilla el aire, no moja ni da vida, guarda el fruto de la barbarie posmoderna. Un hijo palpita en el vientre la respiración del peligro. La madre tiñe su sangre de llanto y ruega al cielo que ya no está una pócima de vida para su niño. Sabe que vienen por él, escucha el casco inevitable de las bestias. Nacer será una inmolación, pero el útero es un mundo fugaz que se desvanece en cada gemido. La vida es mañana y hay que parir para que sigan habiendo mañanas.

Poemario: "Vacío"

Un gajo de estas palabras ya no está. Es ceniza del tiempo, hojarasca que la memoria barre con el olvido.
Te acostumbraste a los juramentos que flotan en tus labios como vapores de levedad. Me acostumbré a tu voz de esfinge, vana, tiesa y quebradiza.
¿Recuerdas cuando amarme era abandonarte al naufragio de los años hasta que los días se cierren como una mariposa oscura de la noche?
Todavía puedo verme antes del deshielo de tus caricias, cuando tus besos eran de granito y en tus manos cabía el magma de este amor.
Yo, sentía mis ojos inflamados de tu magia y de mi dicha. Tú, eras el mármol donde esculpía mis dudas y nos protegíamos de mañana y del latido de sus filos.
Te has vuelto carne

Famaillá: derrota, huida y muerte del general Juan Lavalle

La Batalla de Famaillá -(Del libro inédito "Historia de Famaillá")

La paz que, a comienzos de 1836, había impuesto el Protectorado del gobernador federal del Tucumán, Alejandro Heredia, sobre los gobiernos de Salta y Jujuy, que con su poderosa fuerza militar actuaba como un escudo a la vocación expansionista del régimen boliviano, vería muy pronto sus alas recortadas, otra vez: la amenaza de nuevos enfrentamientos armados que conmovían a todo el interior del país, en el marco de las guerras civiles que asolaban a la nueva nación de los argentinos. Las batallas seguían rondando a la geografía de la incipiente ciudad de los famaillenses. El Protector ya no estaba: Alejandro Heredia había sido asesinado en 1838 y el protectorado se había abierto en una diáspora de intentos de restablecer el orden unitario en cada una de las provincias, incluso en Tucumán, que oscilaba entre un tibio apoyo a la causa federal y algunos guiños al bando enemigo. El nuevo estado de las cosas despertó…

Los famaillao: reconstruir la identidad - (Del libro inédito "Historia de Famaillá")

Lo cierto fue que la comunidad de los famaillao, como todas las naciones nativas, debió sentir el impacto insoportable de la dominación conquistadora, lo cual naturalmente la obligó a recrear su cultura y resignificar su identidad para adaptarse a una convivencia injusta y rotundamente desigual con la presencia invasora. De ahí, por ejemplo, que los famayfiles que fueron privados definitivamente del regreso a su tierra sintieron el viraje en ciento ochenta grados de su destino. Ya no podían seguir siendo los mismos, aquellos que habían resistido hasta dar sus propias vidas a la usurpación de aquel mundo ocre y sereno, pequeño y confinado al valle que habían recibido de sus antepasados, porque el poder de las armas del dominador extranjero, sumado al miedo que ellas imponían sobre los nativos, junto a algunos íconos aterradores de la avanzada conquistadora, como sus armaduras y el caballo, lograron finalmente vencer hasta la más feroz resistencia de los pueblos aborígenes, sobre todo l…