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Mostrando entradas de mayo, 2008

El viaje de cada día

Hoy me levanté puntualmente a las 7. Preparé, como siempre, el desayuno para todos y miré el amanecer desde Yerba Buena, esta ciudad verde que reposa sobre las faldas del cerro San Javier, en la provincia argentina de Tucumán. Vi levantarse al sol y una mezcla de angustia y temor atravesó ese instante maravilloso de cada día. Luego, salimos a la calle y comenzó -para mí, porque allí nunca descansa- la danza cotidiana de la violencia de los automovilistas: una pequeña bocina es un insulto imperdonable, un juego de luces para pedir paso al que lleva menos apuro, pero no le importa el tránsito y circula lentamente por el carril rápido, es una provocación irresistible para responder con ofensas y agravios de toda laya. Seguí adelante, de todos modos, buscando en la indiferencia a la aliada que más se acomodaba a esta situación, pero unas cuadras más adelante el semáforo encendió la luz verde de mi calle y cuando intenté avanzar, convencido de la seguridad que daba este ordenador del tráns…