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Mostrando entradas de octubre, 2012

Los Quilmes - VIII - La llegada del conquistador español (continuación)

"Derrotados por el asombro"


  El curaca de los quilmes sintió el mismo estremecimiento del guardia cuando conoció la noticia más extraña que sus oídos habían escuchado nunca. Carne adentro, un tráfico intenso de emociones se cruzaba y pugnaba por dominarlo de cuerpo entero. Sintió primero un susto paralizador, no los había visto todavía pero la imaginación pudo más que la realidad. Después siguió el miedo por su gente, por él y su familia, su gran familia de numerosas esposas y de incontables hijos. El temor creció más tarde hasta el pánico hacia algo más trascendente o divino encarnado en la mera presencia humana de estos extraños que venían del otro lado de los mares, sin que todavía pudiera saber qué cosa eran efectivamente y qué los traía hacia las tierras de sus ancestros. En realidad, el cacique no sentía nada diferente de lo que habían sentido algunas décadas atrás los reyes incas y aztecas, cuando hicieron contacto por primera vez con los conquistadores españoles. La…

Los Quilmes - VII - La llegada del conquistador español

El soldado nativo no podía creer lo que estaba viendo. En verdad, era muy extraño, casi inhumano aquello que se dibujaba en el horizonte, entre los cardones que se acercan a la lengua exánime del río Yocavil. ¿Serían los dioses encarnados en esos metales que desde la distancia del pucará de la cresta del cerro sagrado de los quilmes brillaban bajo el sol como luces resplandecientes de seres sobrenaturales? ¿Habrían salido de la galería exuberante de sus idolatrías? ¿Era una o eran dos criaturas que se movían, una sobre la otra, en el silencio del valle y obnubilaba ahora la cabeza del guardia?   Algunos rumores habían llegado ya sobre esas presencias increíbles en las tierras de los incas, que estaban haciendo temblar su señorío entre todas las naciones indígenas. Pero otra cosa era poder ver esos cuerpos espectrales con los propios ojos, mirarlos y sentir que la sangre se enfriaba y paralizaba cada uno de los músculos del cuerpo, que la mente se adormecía con el opio del miedo y un i…

Poemario: "Vuelvo"

Sabes a la lágrima de los sauces sobre el río, a la gota de agua que lame el ardor de los desiertos. Suenas como el silbido de los álamos de la tarde, como el bramido del tiempo sobre la memoria. Hueles al aroma cruzado de dos nostalgias, a los almendros de la noche. Me habitas como un eco de la infancia, como una semilla que guardará los frutos. Me inundas como un viento de estambres sobre el pistilo de los alelíes.
Tu presencia es inmensa como una luna de altamar. Y vuelvo. Siempre vuelvo, como vuelve sin remedio el silencio de los pájaros del atardecer.


(C) Hugo Morales Solá

Los Quilmes - VI - La invasión inca (final)

Una cultura tributaria 

Los quilmes, como todos los demás pueblos sometidos, debieron crear una rigurosa cultura tributaria, ya que el delegado local del Inca, recaudaba implacablemente los impuestos que debían rendir con una cuota parte de todas sus actividades productivas. Mientras el tributo se cumplía normalmente, la vida de la comunidad podía transcurrir con igual normalidad, casi como en los tiempos previos a la llegada del conquistador del Cuzco. Lentamente, sin embargo, el pueblo fue construyendo una nueva rutina para sus días. No eran los mismos, por supuesto. Ahora debían trabajar para ellos y para el ocupante extranjero: debían buscar los metales preciosos o abrir y mantener los caminos del incario, por donde los ejércitos sumaban nuevos territorios para el emperador. Pero la nueva realidad trajo un beneficio nuevo: los pueblos del valle estaban atados ahora por el cordón imperial al trono de Tupac Yupanqui y, si bien la ocupación no había sido tan cruenta como pronosticaban…

Los Quilmes - V - La invasión inca (nuevo)

La invasión inca 
Los orejones habían sido muy claros con Tupac Yupanqui: los hombres de las montañas del sur del continente eran aguerridos y dispuestos a defender su territorio hasta con sus vidas. Pero la tentación del emperador inca era más fuerte que la advertencia de los enviados del monarca para explorar y evaluar los pueblos, los climas y la calidad de las tierras que había más allá del límite austral del imperio, que había llegado hasta 1480 a las alturas de la puna boliviana, en el corazón de la cultura Tiahuanaco. ¿Qué había en estos valles? ¿Cuál era su valor tan importante que había llevado incluso al Inca a pactar con las comunidades indígenas del Tucma, en la llanura del naciente de esas cumbres, un tratado de exclusión de los dominios del imperio incaico? Teresa Piossek Prebisch señala en su obra “Los hombres de la entrada” que sus territorios, por ahora, no formaban parte del plan de expansión y sólo pretendía de esos pueblos que no interfiriesen el avance imperial por…

Poemario: "Soledad"

Sangra de niebla la mañana. Los años sangran de olvido. Miro tu ausencia y sus manos son hiedras que me abrazan y me ahogan. Hay nieves de ira en tu memoria. Es que nunca se fueron tus pasos de fuga, se quedaron aquí, a tientas y sin perdón. Miro ahora tu presencia y la memoria se desviste de recuerdos. Es una amnesia errante de sombras que se extravían en el silencio, de silencios que se aturden sin sosiego. Es inútil, las escamas de la noche nunca podrán devolvernos el sueño que ha pasado. Todavía respiro tu temblor a mi lado y siento sangrar a los lapachos su sangre violeta de setiembre. Luego vuelvo a tu costa como una suave marea y te olvido y te recuerdo. Te recuerdo y te olvido. Duermo y despierta tu presencia. Despierto y se duerme tu permanencia. Estoy solo, sangrando tu recuerdo,
mientras la luna sangra su amanecer.


(C) Hugo Morales Solá

Poemario: "Arenas"

La tarde duerme en el arenal donde mueren los soles del valle que lentamente revivirán en las uvas del verano. Hasta aquí han llegado tus pies de azahares, traen las espinas del naranjal, secos de tristezas,
desangrados de lloviznas. Han venido a matar las uvas que tragaron las luces del frío. La muerte debe vivir en otras vidas. Siempre. Una y otra vez, hasta volver a morir. Y tú. Me pueblas de silencios y germinas el aire de palabras. Algún día el vino que muere en otras sangres renacerá en tus pies y en tus uvas. Y en tus soles. Entonces, el arenal despertará el sueño de la tarde. Como un remolino de tibieza, entre el polvo de silicio haremos la zafra de tus desdichas.


(c) Hugo Morales Solá