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Mostrando entradas de febrero, 2013

Poemario: "Mi noche"

Voy a entrar en la noche larga y sin día. Un día será, yo lo sé. Cuando me trague las estrellas y la luna se nuble de silencios, caminaré por el rumor del río y no se estremecerán los sauces inmutables, aunque siga presente en la memoria de sus lágrimas. Mi noche llegará de noche, será oscura como el sigilo de la pantera. Viajaré despacio, con los pies descalzos hasta donde los sueños se apagan y el destino se consuma. Qué paraíso a tientas descubriré en esos cielos que ciegan de oscuridad y desvanecen mis caricias como un vapor de nube sobre tu cuerpo. Tierra evanescente que mis pasos diluirán, flores que al olerlas no serán. De repente, aparecerá: un soplo solamente, un latido, nada más. Un instante, sólo un instante y la negra noche será vencida. Nada será noche y nada será negra afuera del tiempo, Esa quietud que es la eternidad será mi nuevo amanecer, luz sin sol, recuerdos sin memoria, besos sin labios, amar sin corazón,
olas sin mar  , viento sin árboles, 
grito sin voz, respiración sin aire. Después del…

Poemario: "El vuelo"

Un plumón tibio cayó de tus alas cuando alzaste vuelo. Revoloteaba en el aire su caída inocente hasta que el peso de una lágrima la hundió en la gravedad. Yo vi después las ruinas de sal que ataban a la tierra a la frágil pelusa. Vi cómo la carga de esta tristeza había vencido a la alegría de tu vuelo. Ella se quedó con tu presencia, yo sigo vistiéndome de tu ausencia. Otra lágrima quiso buscarte y se clavó como estalactita en la sombra vacía de tu mirada. Dónde habrán ido tus ojos que miraron tantos atardeceres entrelazados con los míos, cuántos soles habrán muerto presintiendo los abrazos que venían y los besos que se amarraban a tus labios como pequeñas barcas azotadas en alta mar. Dónde andará tu carita estirándose de sonrisa  y tus dientes tentando al intruso que agazapa su instinto para embarcarse en el cuenco generoso de tu boca.
© Hugo Morales Solá.

Poemario: "Lucecita"

Maja de mis días. Perfil del viento que das vida a esta tierra de azahares. Vuelves en versos, como un suspiro de eternidad, como un oleaje nocturno que mece mansamente la pleamar Yo te busqué desde antes del universo. Desde el umbral de tu presencia, he visto abrirse al estuario de tu sonrisa. Allí cabían todos los pájaros de nuestra esperanza,  y nos sometió dulcemente, hasta la última luz. Deliciosa esclavitud por la que mi libertad no se subleva. A partir de tu sueño puede respirar el mundo. Soplo tibio de la ternura, doncella del tiempo, cuando llegue el fin, sé que seguiré vivo. En la colmena de tu memoria, viviré. Con mis recuerdos harás un abejar exquisito  y sabrás golosearte una y otra vez. En tu corazón podré levitarme del olvido. ¡Ah, dulce abejita de mi destino! Quién te mandó consolar mis pies agobiados. Quién te puso a brillar sobre esta pálida fragilidad. Quién te encomendó acompañar mi viaje a la eternidad.
© Hugo Morales Solá

Poemario: "Sin embargo"

Sientes que la tierra tiembla, todavía, que has vuelto del infierno. Y sin embargo los niños juegan en la calle, alguien te recuerda y espera y unos labios desean tus besos.
Sientes que la luz es oscuridad que tus pasos no están, que se han ido lejos y te han dejado solo, que la memoria no puede desandar tus días, que has comido y has bebido de la felicidad que nunca llega. Y sin embargo existe el atardecer y unos brazos abiertos para abrazarte.
Sientes que caminas sin que te vean, que atrás quedó la tarde de esta noche que no tendrá sol, que renacerás cuando tus ojos vuelvan en otras miradas y lloren en otras lágrimas Y sin embargo hay caricias que todavía no te han acariciado y huellas en la arena que todavía no has caminado.
Sientes que la respiración de esta angustia te humedece de inquietud el alma. Y sin embargo buscas el sosiego en el rocío de una esperanza.


© Hugo Morales Solá

Poemario: "Aromas del Tucumán"

Un viento de trapiches molía el aliento dulce del cañaveral y despertaba todas las mañanas el sueño alegre de los niños.
Fragancias de justicia lloviznaban los cielos del Tucumán y el humo de sus ingenios purificaba de amor la convivencia. Olías a naranjos y azahares, al bullicio de la infancia sin hambre.
Tus aromas son ahora hilos de la memoria que cuelgan sobre la arena ardiente de estos días. Hoy hueles al almíbar de aquella nostalgia y a las lágrimas de los niños hambrientos, al ácido olor de la pobreza, al dolor de los ausentes y de aquellos que los tragó el olvido.
Ya no aroman tus primaveras los naranjales de las veredas ni tus chimeneas exaltan el trabajo y la existencia.
Largas avenidas siguen habitadas de lapachos de sombras violetas y amarillas que aroman las tardes de los afortunados, mientras el pestilente olor de la injusticia adormece de paco y violencia
a los jóvenes de las orillas. No conocen el olor de la esperanza. Nacieron sin su olfato.
La esperanza, que antes bañaba a esta tierra ve…