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Mostrando entradas de noviembre, 2012

Poemario: "Amo"

Amo tus ojos de noche.

Amo tus cabellos de nácar

y amo tu cuerpo de dríada.

Amo los años que te amé.

Amo los años que te amaré.

y amo el amor con que te amo.

Amo el placebo de tu sonrisa.

Amo la quietud de tu dolor

y amo la tibieza de tus lágrimas.

Amo amanecernos cada día.

Amo la respiración de tu sueño

y amo tu llanto de madre.

Amo el árbol al que perteneces.

Amo pertenecerte

y amo que me pertenezcas.

Amo el mar de ondinas que habitas.

Amo navegar su fragilidad

y amo que me pueblen sus seres.

Amo el amor con que me amas.

Amo el recuerdo de este amor

y amo el bosque de tus caricias.


(C) Hugo Morales Solá.

Los Quilmes - XIV - El destierro

Rendición, éxodo y exterminio
  El gobernador Alonso de Mercado y Villacorta aceptó su rendición tan pronto lo tuvo enfrente suyo, en el llano del cerro Alto del Rey. En realidad, la estaba esperando. La capitulación debía ser el resultado lógico de la estrategia de sitio y bloqueo a las montañas con un costo menos cruento para su ejército. Ahora comenzaba a cosechar la siembra de sed, hambre y desnutrición que había esparcido pacientemente sobre el pueblo que vagaba por última vez entre los cerros antes que entregarse a la servidumbre de los españoles. Con un discurso parco, Yquisi comunicó la subordinación de su pueblo al poder hispano. Sólo exigió respeto por la vida, sobre todo la de los más débiles, después de lo cual debía volver a buscar a su gente, escoltado por los soldados del gobernador del Tucumán. Las negociaciones entre ambos jefes fueron breves. Mercado y Villacorta se comprometió a respetar la vida de los quilmes sobrevivientes, pero impuso el castigo de la expulsión de…

Los Quilmes - XIII - El destierro

¿Resistir hasta la primavera?

  El ejército -alrededor de quinientos soldados- debía aprovechar el invierno que estaba comenzando para hacerse fuerte y llegar a la segunda etapa de la ofensiva con la mayor seguridad del triunfo. La primera incursión y aquella batalla de tres días, en 1659 -durante la primera campaña militar de Mercado y Villacorta-, cuando los quilmes echaron literalmente a los soldados españoles de su territorio en la quebrada de Omakatao, habían servido para tomar los recaudos y los cuidados extremos. Debían encarar, además, un profundo análisis de la técnica de los guerreros indígenas y un exhaustivo repaso de las artes de la guerra que había aprendido el militar catalán. Todo los conocimientos científicos sobre estrategias defensivas y ofensivas estaban ahora puestas a prueba frente a un enemigo francamente desconocido, cuya rebeldía sin medida lo volvía sanguinario.    En fin, luego de rehacer pormenorizadamente sus fuerzas humanas y técnicas, el capitán de guerra …

Los Quilmes - XII - El destierro

La tormenta militar final
 Jamás hubiera imaginado que iba a ser el cacique del destierro. Pero si lo pudiese haber hecho, habría estado en el mismo lugar: encabezando la marcha de la expulsión, con la cabeza alta y la mirada perdida en el horizonte. Enhiesto, firme, como si no hubiera entregado todas las energías en la guerra que acababa de terminar para oponer sus guerreros a la nueva entrada de las tropas españolas en la tierra santa de los valles. Intacto y fresco, manteniendo altiva la dignidad de su raza, aun cuando estuviera vencido. Conteniendo a su gente que caminaba a tientas al exilio obligado, al éxodo jamás querido. Siempre había temido esta partida sin regreso. Martín Yquisi nunca había descartado la posibilidad de la derrota frente a un enemigo ostensiblemente superior por la fuerza de su armamento.   Pero le indignaba que esta guerra atroz y definitiva fuera consecuencia de lo que igualmente había sospechado desde hacía mucho tiempo: la impúdica ambición de ese gran fabu…

Los Quilmes - XI - Las Guerras Calchaquíes (fin)

El temor al Gran Titaquín

Martín Yquisi, como ningún interlocutor del Inca, se atrevía a plantear alguna objeción a sus planes o dejar entrever siquiera la hendidura de las dudas que le corroían por adentro la fe en el supuesto nieto de Atahuallpa. Menos aún si la audiencia era con un cacique vasallo suyo, que le debía obediencia y reverencia. Aunque la misma inhibición sentían los españoles, sean estos monjes, militares o funcionarios del virreinato, incluido, por supuesto, el mismo gobernador Mercado y Villacorta, quien, por ejemplo, en su segundo encuentro, en el valle de Tafí, en enero de 1658, varios meses después del silencio de su lugarteniente una vez que había obtenido los poderes que buscaba, sintió igual parálisis para hacerle escuchar la suma de reproches a la falta de cumplimiento a los compromisos contraídos, y entregarle la nota de alto contenido admonitorio, además de unas cuantas limitaciones a sus facultades y su jurisdicción que había redactado. Nada de eso sucedió, …