La cultura Condorhuasi - Parte II

   Dioses para cada actividad
   
   Eran las mismas deidades que, al final de la vida, acompañaban también a la muerte. De hecho, la mayoría absoluta de la iconografía en cerámica hallada en esta cultura fue extraída de las tumbas de los cementerios. Estos sepulcros eran amplias cámaras de 2 o 3 metros de profundidad que se ensanchaban en el extremo inferior, donde podían caber uno o más cuerpos y se depositaban vasos, platos y fuentes de cerámica, adornados de incrustaciones de oro, que esbozaban la figura de felinos. Hubo igualmente otras esculturas de piedra. A veces la tumba disponía de una pequeña cámara lateral que servía para agregar estos objetos ofrecidos para el viaje eterno de quien había muerto. Incluso, este ofertorio se completaba con el ajuar personal del difunto, es decir, la suma de sus objetos y adornos personales metálicos, líticos o de arcilla. La muerte de un miembro de esta comunidad iba escoltada, del mismo modo, de la muerte de una llama, que era sacrificada para depositarla con las demás ofrendas en la misma sepultura. 
   Una cultura teocéntrica, como la de estas sociedades primitivas, intentaba interpretar la existencia -adversa en muchos sentidos-, la naturaleza -omnipotente y desconocida- y el universo, en definitiva, desde una espiritualidad mágica, ante la incapacidad natural de la condición humana de responder con recursos más racionales en esos tiempos remotos. El sol, por ejemplo, fue el culto mayor que practicaron, hasta que los siglos descendieron ese credo religioso a la madre tierra para que la Pachamama presidiese toda la espiritualidad andina. 

La influencia regional 

   Precisamente, desde esa cultura, que giraba en torno de la presencia divina, los hombres y mujeres de Condorhuasi estructuraron toda la vida familiar, social, económica y política. Sus rutinas, su trabajo cotidiano, eran dirigidos desde ese sistema de creencias. Incluso, las relaciones con otros pueblos estaban gobernadas por el mismo patrón espiritual que, desde luego, era compartido por las sociedades vecinas con quienes interactuaba, a través de un tráfico progresivo de comunicación, como un modo seguir respondiendo a las pulsiones nómadas que todavía latían en su espíritu. 
   Sucedió, efectivamente, que el hecho cultural de la sedentarización no impidió que avanzaran en la exploración de otros territorios desconocidos y descubriesen otros pueblos con características comunes y otras particularidades que le daban a la vez una identidad exclusiva. Estaban ávidos de aprender y transmitir, de actuar e interactuar, de fundir culturas e integrarse, a través de sus creencias comunes y diferentes a un solo tiempo. 
    Esto es lo que se ve claramente en la influencia poderosa que ejerció Condorhuasi sobre la producción artística de otras culturas de su tiempo, hasta proyectarse más allá del territorio propio de Catamarca, como el influjo indudable que se observa en la cerámica encontrada en yacimientos de La Rioja, Santiago del Estero y aun en algunos sectores de la Puna Meridional. Los menhires En las esculturas de piedra, aparece, por supuesto, el predominio fuerte de “los suplicantes”, que no tuvieron aquí el protagonismo central que exhibieron en la cultura Tafí, pero de todos modos hubo, sí, una misión mística preponderante de estos seres de piedra que intercedían por los hombres ante el altar de los cielos. No está claro, sobre este fenómeno, de dónde viene la influencia de estos menhires: ¿fue la cultura Condorhuasi que impactó fuertemente sobre la de los tafíes hasta hacer de estas “piedras largas” el centro de su religiosidad o, al revés, fue la espiritualidad Tafí que penetró sobre la Condorhuasi con manifestaciones disminuidas de la misma mística? 
   Lo cierto fue que compartieron la misma cosmogonía originaria que se expandió por los valles del noroeste argentino a través de la intensa interculturalidad que experimentaron los albores del poblamiento de esta región. Hay, igualmente, otras producciones líticas menores en Condorhuasi que rescatan su destreza escultórica de manera no menos brillante, como platos, morteros, las pipas rituales, que servían para quemar sustancias alucinógenas y permitían al hechicero y sus acólitos entrar en el trance de comunicación con los dioses, o las hachas de cuello, finamente labradas, utilizadas con el mismo propósito ceremonial, o las “tembetás”, que eran unas piezas cilíndricas cinceladas en piedra que se incrustaban en los labios. También tallaron pulcramente la piedra lapislázuli para hacer collares que, según algunos investigadores, podrían haber sido utilizados como medio de pago, además de haber sido objetos de ornamentación religiosa. 

 El arte metalúrgico 

  Crearon, por otra parte, las artes y las técnicas metalúrgicas cuando descubrieron los metales abundantes -blandos y duros, comunes y preciosos- que yacían en las montañas que los envolvían en el valle de Hualfín. Aprendieron primero a extraerlos con diferentes métodos, cuya pericia fue perfeccionándose con el paso de los siglos. Precisamente, la variedad de metales que llegaron a extraer estimuló la imaginación de los nativos y comenzaron a intentar fundir unos con otros para observar sus resultados y analizar los grados de maleabilidad o de resistencia de estas nuevas combinaciones metálicas. Las aleaciones, en suma, sirvieron para producir una parte importante del arte de su ornamentación personal, militar y religiosa. De ellas -y, naturalmente, de la creatividad de los artesanos- aparecieron las vinchas, colgantes, aros, pulseras y pectorales. Muchos hechos de oro, plata y cobre, pero también de bronce.

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 Fuentes: 
*EL Período Formativo Inferior. Víctor A. Núñez Regueiro - Marta R. A. Tartusi -
*Sociedades Agropastoriles Tempranas: El Formativo Inferior del Noroeste Argentino. Olivera, D. E. (2001) En Historia Argentina Prehispánica, Tomo I: pp. 83-125. Brujas. Córdoba.
*Sitios web: www.arteceramico.com.ar - www.catamarcaguia.com.ar - www.sepia-arte.com.ar - www.mineria.gov.ar - www.precolombino.cl - www.naya.org.ar


(c) Hugo Morales Solá


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