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Mostrando entradas de septiembre, 2013

Poemario: "Vacío"

Un gajo de estas palabras ya no está. Es ceniza del tiempo, hojarasca que la memoria barre con el olvido.
Te acostumbraste a los juramentos que flotan en tus labios como vapores de levedad. Me acostumbré a tu voz de esfinge, vana, tiesa y quebradiza.
¿Recuerdas cuando amarme era abandonarte al naufragio de los años hasta que los días se cierren como una mariposa oscura de la noche?
Todavía puedo verme antes del deshielo de tus caricias, cuando tus besos eran de granito y en tus manos cabía el magma de este amor.
Yo, sentía mis ojos inflamados de tu magia y de mi dicha. Tú, eras el mármol donde esculpía mis dudas y nos protegíamos de mañana y del latido de sus filos.
Te has vuelto carne

Famaillá: derrota, huida y muerte del general Juan Lavalle

La Batalla de Famaillá -(Del libro inédito "Historia de Famaillá")

La paz que, a comienzos de 1836, había impuesto el Protectorado del gobernador federal del Tucumán, Alejandro Heredia, sobre los gobiernos de Salta y Jujuy, que con su poderosa fuerza militar actuaba como un escudo a la vocación expansionista del régimen boliviano, vería muy pronto sus alas recortadas, otra vez: la amenaza de nuevos enfrentamientos armados que conmovían a todo el interior del país, en el marco de las guerras civiles que asolaban a la nueva nación de los argentinos. Las batallas seguían rondando a la geografía de la incipiente ciudad de los famaillenses. El Protector ya no estaba: Alejandro Heredia había sido asesinado en 1838 y el protectorado se había abierto en una diáspora de intentos de restablecer el orden unitario en cada una de las provincias, incluso en Tucumán, que oscilaba entre un tibio apoyo a la causa federal y algunos guiños al bando enemigo. El nuevo estado de las cosas despertó…

Los famaillao: reconstruir la identidad - (Del libro inédito "Historia de Famaillá")

Lo cierto fue que la comunidad de los famaillao, como todas las naciones nativas, debió sentir el impacto insoportable de la dominación conquistadora, lo cual naturalmente la obligó a recrear su cultura y resignificar su identidad para adaptarse a una convivencia injusta y rotundamente desigual con la presencia invasora. De ahí, por ejemplo, que los famayfiles que fueron privados definitivamente del regreso a su tierra sintieron el viraje en ciento ochenta grados de su destino. Ya no podían seguir siendo los mismos, aquellos que habían resistido hasta dar sus propias vidas a la usurpación de aquel mundo ocre y sereno, pequeño y confinado al valle que habían recibido de sus antepasados, porque el poder de las armas del dominador extranjero, sumado al miedo que ellas imponían sobre los nativos, junto a algunos íconos aterradores de la avanzada conquistadora, como sus armaduras y el caballo, lograron finalmente vencer hasta la más feroz resistencia de los pueblos aborígenes, sobre todo l…

Los famaillao - (Del libro inédito "Historia de Famaillá")

El destierro
Un soplo de la historia funde profundamente los orígenes de Famaillá con los genes de los Valles Calchaquíes. Un aliento tibio que llega desde los tiempos primordiales confunde el adn de los famaillenses con el de los diaguitas que poblaron aquellos valles de altura. Cuando Famaillá dice hoy que es la puerta del valle de Tafí, no es una mera frase publicitaria o el emblema de una política turística: puede ser todo eso, desde luego, pero sobre todo está afirmando su profunda identidad genética con esas montañas, de donde llegaron precisamente los primeros habitantes de estas tierras, donde siglos más tarde se levantaría la ciudad de las empanadas.     Pertenecientes a la etnia de los diaguitas, en efecto, los Famaillao conformaron una tribu que sintió en carne propia el destierro de los valles de Tafí y Yocavil, cuando el gobernador del Tucumán, Alonso de Mercado y Villacorta, lanzó la campaña de desnaturalización de todos sus pobladores originarios, luego de invadirlas, en…

Poemario: "Juguemos"

Juguemos a la guerra. Tú traes las bombas, nosotros ponemos los muertos. Adónde me llevará este horror. Adónde habrá ido el pez dormido de la paz.
Juguemos al juego que mejor juegas. Las balas y bombas que salen de tus cuentos tienen sepulcros reales y huérfanos de carne y huesos que lloran sobre los escombros de sus cadáveres.
Juguemos al juego que siempre ganas. La guerra es tuya, el calvario y el desconsuelo son nuestros. Y la nausea también. Los pájaros de la guerra son ciegos, vuelan de noche y siembran de muerte mi tierra para que no amanezca el sol.
Juguemos al juego que siempre debemos perder. Pero un día esas tumbas serán almácigos de paz. De los gusanos de la muerte nacerán crisálidas inocentes.
Juguemos al juego donde volvemos a morir. No habrá más que hombres con el corazón de siempre: un sístole de amor y un diástole de odio.