jueves, 26 de julio de 2012
Poemario: "Rumor de besos"
Tus besos se agolpan sobre mi piel
y escucho su rumor.
Dicen que vienen de muy lejos,
cuando tu mirada y la mía
no podían mirarnos en un solo cuerpo.
Dicen que son latidos del amor
que todavía no hemos amado
y un recuerdo que seguirá siendo,
irremediablemente.
Del rocío de tus labios
crepitan relámpagos de tristeza y ternura.
Me dices que el amor es un aullido de luz,
un largo abrazo al atardecer
y una lágrima de arena
que cae del párpado de la luna.
A quién aturdiré con mi deseo
cuando el otoño deshoje tu olvido.
(c) Hugo Morales Solá
lunes, 23 de julio de 2012
Poemario: "Desmemoria"
Gotas de olvido
llueven sobre tu recuerdo.
Quiero volver a verte después del tiempo,
cuando quede el hielo de tus pasos,
cuando la noche se haya ido de tus manos
y de los geranios florezcan lágrimas de silencio.
Conozco la ruta de cada una de tus arrugas,
pero ya no puedo recordar la cornisa de tus labios,
el fragor de tu sonrisa o la espesura de tus ojos tristes.
Sé que has sido, pero no te encuentro.
Adónde habrá ido tu presencia
que me dejó esta desmesura de ausencias.
Estoy solo, con la mirada encorvada de luz.
Te has ido, aunque estés aquí
y la tarde gime un sollozo de deshielo.
(c) Hugo Morales Solá
llueven sobre tu recuerdo.
Quiero volver a verte después del tiempo,
cuando quede el hielo de tus pasos,
cuando la noche se haya ido de tus manos
y de los geranios florezcan lágrimas de silencio.
Conozco la ruta de cada una de tus arrugas,
pero ya no puedo recordar la cornisa de tus labios,
el fragor de tu sonrisa o la espesura de tus ojos tristes.
Sé que has sido, pero no te encuentro.
Adónde habrá ido tu presencia
que me dejó esta desmesura de ausencias.
Estoy solo, con la mirada encorvada de luz.
Te has ido, aunque estés aquí
y la tarde gime un sollozo de deshielo.
(c) Hugo Morales Solá
miércoles, 25 de abril de 2012
¡Es la economía, estúpido!
Sucede que los mismos que hoy condenan con grandes denuestos la expropiación de YPF de manos de la empresa española Repsol, justificaron con fervor esas mismas medidas que años atrás las habían tomado sus propios países invocando argumentos semejantes a los del decreto de necesidad y urgencia que firmó días pasados Cristina Fernández de Kirchner.
Mariano Rajoy y Felipe Calderón, de ellos se trata, primer ministro de España, el primero, y presidente de Méjico, el segundo, no vacilaron, en efecto, en defender las expropiaciones con un grado de convicción como si fuera propio, cuando recordaron las estatizaciones en sus países de un recurso energético básico para cualquier economía nacional y global, como es naturalmente el petróleo. Lo hizo Rajoy en 2008, cuando se valió de esos fundamentos para criticar a su archiadversario José Luis Rodriguez Zapatero, quien ocupaba en esa oportunidad la primera magistratura española. En realidad, su país ya había sentado el precedente de la soberanía energética en 1927, cuando el rey Alfonso XIII dispuso el control monopólico de los recursos petroleros por parte del Estado español, por iniciativa del ministro de Hacienda de la dictadura de Primo de Rivera, José Calvo Sotelo, y expropió a las empresas extranjeras que abastecían a por lo menos el 80% del mercado de combustibles de la península ibérica. Lo hizo después Calderón, en 2011, en ocasión de recordar la misma decisión de su antecesor Lázaro Cárdenas, quien en el marco de una política de nacionalizaciones resolvió en 1938 la estatización de los recursos petroleros mejicanos. No dudó el actual mandatario azteca en elogiar el valor de una medida de auténtica soberanía nacional sobre uno de los sectores estratégicos del pueblo de Méjico.
¿Por qué, entonces, se ataca con tanto ardor a la Argentina cuando decide un acto de la misma naturaleza y con abundantes evidencias del daño que la mala explotación de la mayor parte de los recursos petroleros argentinos, a cargo de la empresa Repsol, le estaba infligiendo a la economía nacional y sobre todo al mercado energético de los argentinos, que ya padecía crónicos problemas de desabastecimiento? La virulencia de la reacción del gobierno español llegó a amenazar con una suerte de bloqueo a ciertas exportaciones argentinas hacia ese mercado, sin perjuicio del frenesí que puso en las diligencias orientadas a buscar apoyo internacional, especialmente en el bloque de la Unión Europea, para que cayese sobre la Argentina un castigo ejemplar.
Pues bien, la historia no hace otra cosa que verificar el cumplimiento instintivo de una ley que atraviesa a los seres humanos, en sus dimensiones individual y colectiva, y a los demás seres vivos del planeta: la supervivencia del más fuerte. En el caso de la convivencia de los pueblos en el mundo, el estado más fuerte se permite actos que al mismo tiempo prohíbe a los más débiles, porque de otro modo debería admitir la igualdad de las condiciones que permitiría la supremacía de la justicia por encima de los intereses propios. No cuentan, entonces, las convicciones ni los principios, la coherencia ni las contradicciones, andar o desandar las políticas estructuradas desde cualquier plataforma doctrinaria. Lo que importa, sí, es la coherencia con el capital. En el caso español, porque se trata de Repsol, una empresa que los españoles consideran “sistémica” para su economía, esto es, que abajo de ella existe un castillo de naipes que arrastraría aun más a la maltrecha económica hispana y amenazaría incluso con propagar sus males a la Unión Europea. En cuanto a los mejicanos, defienden igualmente los capitales que forman parte del paquete accionario de Repsol, de quien el estado mejicano es socio.
Pues bien, la historia no hace otra cosa que verificar el cumplimiento instintivo de una ley que atraviesa a los seres humanos, en sus dimensiones individual y colectiva, y a los demás seres vivos del planeta: la supervivencia del más fuerte. En el caso de la convivencia de los pueblos en el mundo, el estado más fuerte se permite actos que al mismo tiempo prohíbe a los más débiles, porque de otro modo debería admitir la igualdad de las condiciones que permitiría la supremacía de la justicia por encima de los intereses propios. No cuentan, entonces, las convicciones ni los principios, la coherencia ni las contradicciones, andar o desandar las políticas estructuradas desde cualquier plataforma doctrinaria. Lo que importa, sí, es la coherencia con el capital. En el caso español, porque se trata de Repsol, una empresa que los españoles consideran “sistémica” para su economía, esto es, que abajo de ella existe un castillo de naipes que arrastraría aun más a la maltrecha económica hispana y amenazaría incluso con propagar sus males a la Unión Europea. En cuanto a los mejicanos, defienden igualmente los capitales que forman parte del paquete accionario de Repsol, de quien el estado mejicano es socio.
Si bien esta ley es tan antigua como la naturaleza misma, bastará con remontarnos a la Revolución Francesa para constatar que atravesó efectivamente la historia de la humanidad y comprobar cómo sus ideales comenzaron a intranquilizar a la cultura dominante de la época (el mainstream), sobre todo de la Gran Bretaña de finales del siglo XVIII. La clase gobernante, en efecto, representaba casi exclusivamente a los sectores productores de la riqueza de la nación y se llamaba a sí misma “gente de calidad superior”. Ese espíritu naturalmente se trasladó después a los Padres Fundadores de los Estados Unidos, y uno de ellos, Alexander Hamilton, fue el que directamente aludió al pueblo como la “gran bestia” que debía ser domada. Su par, James Madison, mientras tanto se preocupaba por el “espíritu igualitario” que suponía el sufragio universal, porque -como recuerda Noam Chomsky- esto significaba ceder el poder sobre la propiedad privada a quienes no tenían propiedad. “Su solución -dice el lingüista y filósofo estadounidense- fue mantener el poder político en el seno de quienes provienen y representan la riqueza de la Nación y conservar al resto de la sociedad fragmentada y desorganizada”. Desde luego que las circunstancias históricas fueron determinando de alguna manera esa cultura fundacional de los Estados Unidos y para ser justo hay que decir también que estos próceres fundadores estaban inspirados por un espíritu más filantrópico y romántico, según el cual los estadistas ilustrados podrían conducir mejor los interés nacionales, cuyo beneficio llegaría inexorablemente sobre las mayorías, de quienes temían sobre todo su “tiranía” si llegaban a controlar el poder político. Sin embargo, el tiempo y el mentor del capitalismo, Adam Smith, se ocuparon más tarde de demostrarles que el motor de esas minorías privilegiadas y gobernantes era nada más que su egoísmo, que el mismo economista escocés definió con maestría cuando describió ese comportamiento como “todo para nosotros y nada para los demás”. Lo llamó naturalmente “máxima vil”.
En otras palabras, las reacciones de los gobernantes de España y Méjico se parecen mucho a aquella realidad histórica que describe Chomsky, porque es perfectamente trasladable desde la escala de la convivencia social de un país a las relaciones internacionales. Algo así como una dura recriminación planteada en estos términos parecería escuchársele a estos gobernantes sin memoria: “Tú, que eres el más débil de esta ecuación económica, no puedes hacer lo que yo hago. Debes esperar a ser un país adulto, fuerte y libre”. El problema es -y será- que por el camino de la censura injusta, de una coexistencia global signada por la marginación y el juego desigual de los poderosos sobre los más débiles ningún pueblo podrá nunca llegar a ser soberano e independiente. Es que de eso se trata: “¡Es la economía, estúpido!”.
* * *
(c)Hugo Morales Solá
Fuentes:
• Víctor Hugo Morales - http://www.victorhugomorales.com.ar
• Atilio A. Borón: “Tras el búho de Minerva - Mercado contra democracia en el capitalismo de fin de siglo”. Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) - Fondo de Cultura Económica. 2000.
• Wikipedia.
domingo, 15 de abril de 2012
Poemario: "Cuánto he visto"
He visto al sol correr sobre tu piel.
Has visto mi alma encogerse de sombras.
He llorado con tus lágrimas
y has desesperado con mis desesperanzas,
para que nada de ti y nada de mí
nos pertenezca.
He visto mirarme desde tus ojos
y he visto mirarte desde mis ojos.
Hemos visto desnudarnos y mudarnos,
una y otra vez, cada partícula de nuestra corteza.
He visto al tiempo atravesarte de décadas.
Y juro: he acariciado con pasión
cada una de tus pieles.
La misma pasión que nos quemó.
La misma que nos incendia, todavía.
He sentido con tu dolor
el dolor de mi naufragio
y sé que mi naufragio
te ha dolido desde mi dolor.
He visto a este amor
rejuvenecer tus cabellos perlados
y devolver el color a mis barbas despintadas.
He visto herirnos el corazón como enemigos
y restañarnos después con nuestra saliva.
Hemos sido felices
sorprendiéndonos todavía con el pasado,
mirando caer una tras otra nuestras células
y vestirnos de nuevo para ser otros
y ser los mismos.
Ya no puedes ser tú sin mí.
Ya no puedo ser yo sin ti.
Tú y yo no somos uno.
Tú y yo, soy tú.
Tú y yo, eres yo.
(c) Hugo Morales Solá
viernes, 23 de marzo de 2012
Poemario: "El último grito"
Creyeron que te mataban con una orden de ¡fuego!
Creyeron que te enterraban,
y lo que hacían era enterrar una semilla.
y lo que hacían era enterrar una semilla.
Ernesto Cardenal (Del poema “Epitafio para la tumba
de Adolfo Báez
Bone)
Llegaron sin
caras,
sin piedad
y sin ley,
aunque ellos
eran la ley.
Se llevaron
la vida,
vientres
henchidos;
se llevaron a
justos y a pecadores.
Vinieron en
nombre de la paz
y se llevaron
la paz.
Nunca más la
volvimos a ver,
ni a esos
rostros de humo
que caminan
todavía
contra la
memoria y el olvido.
Son pasos de
nadie,
desvanecidos
de tiempo,
habitantes de
los espejos rotos
de la
memoria,
huesos de
todos
que un día
volverán
sin carne,
sin justicia
y sin saber
quiénes fueron.
La tierra fue
la madre que
los abrazó en
su oscuro útero
y el Río de
la Plata, el padre
que dio el
consuelo líquido
a sus
tormentos inexplicables.
Nos dejaron
el horror,
como una
sombra de tanto dolor.
El martirio
de sus martirizados
mató para
siempre su propia humanidad:
parieron la
bestia que todavía anda suelta.
Los pasos del
jueves
fueron la
carne de aquellos dolores,
uno a uno
fueron llegando,
como pájaros
del atardecer
que buscan el
árbol de la noche.
Pero ellos
venían de la noche
y buscaban el
árbol de la luz.
Buscaron.
Desesperadamente
buscaron
el eco de su
evanescencia.
¿Dónde
estaban? ¿Dónde los tenían?
Volvieron a
buscar
con lágrimas
de arena en los ojos
y cuando todo
era silencio
ellas
gritaron espumas de ira.
Los pañuelos
blancos
desangraron el
olvido
y el camino
circular de la plaza
fue el molino
donde
trituraron la desesperación.
La certeza
del luto irremediable
maduró
después,
como una
zarza espinada
¡Cuántas
cruces bajo el agua,
cuánto
sufrimiento duerme bajo la tierra!
Esperan la
luz para dejar de ser nadie.
Después
vinieron los hijos
robados a los
vientres estremecidos.
Volvieron de
su propia ausencia,
como polen de
aquellos huesos
esparcido al
futuro.
Huesos tibios
que laten
tuétanos de
llanto y gemidos.
Hay vapores
de esperanza
que suben desde las tumbas ignotas.
Cementerios
líquidos y anónimos,
pozos oscuros
que iluminan la verdad
son ahora los
ojos de los jueces.
El último
grito vendrá del calcio eterno.
Todo se
sabrá. Todo lo sabremos.
(c) Hugo Morales Solá
sábado, 17 de marzo de 2012
Poemario: "No estás"
Beso tus besos que no están
y beso en el aire el perfume de tu ausencia.
Busco a tientas la sombra de tu regreso,
mientras te disuelves a lo lejos,
adelante del tiempo.
Te has ido y te has llevado la luz,
alejando las distancias.
alejando las distancias.
Yo me quedo,
y un rechinar de latidos divulga este tormento.
y un rechinar de latidos divulga este tormento.
Dónde queda la esperanza
si todavía crepita de tibieza tu presencia.
Camino sobre la oscura atmósfera de silencios
que presides sin saberlo,
y desando sin sosiego la estepa de tu partida...
Y espero, espero, sin remedio.
(c) Hugo Morales Solá
jueves, 15 de marzo de 2012
Poemario: "Deseo"
En el fondo de tu boca anida mi deseo.
Cuando quiero lo desentierro entre las
culebrillas guardianas que se esconden
en el cuenco líquido de tus fauces.
culebrillas guardianas que se esconden
en el cuenco líquido de tus fauces.
Y me acechan.
Yo te busco.
No me amedrentan sus esfinges de cancerberos.
Salto a la luz desde la noche,
y es eterna la felicidad de jadear sobre tu gozo,
mariposa de la niebla,
innombrable agitadora de mis sentidos.
Me cuelo en el viento de tu asombro
y navego hacia tus entrañas.
Y te desnudo.
Nada quieres, aunque todo lo apetezcas.
Me rechazas y me albergas.
Te sobrecoges y te tientas.
Tu profundidad es generosa,
inmensa para quererme y no quererme.
¡Confusa belleza que me envenena
en el calambur de tus palabras!
en el calambur de tus palabras!
Me dices que eres el bing y yo el bang
en este espeso ensamble que rocía nuestros cuerpos,
como el zumo vaporoso que voy libando de tu boca.
Que no habrá más lunas después de este crepúsculo,
que el sol coagulará su desconsuelo.
Pero yo reposo seguro en las tibias cavernas
que riega tu sangre deletérea, siempre inatrapable.
(c) Hugo Morales Solá
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