El principio de inocencia, al revés

   La campaña mundial de difamación en contra del Papa Francisco tiene su usina en Argentina, por supuesto. Con ella se ha invertido el principio de inocencia, es decir, lo declara culpable hasta que se demuestre lo contrario. Del mismo modo ha invertido el cargo de la prueba: el acusado tiene que salir probar que es inocente, cuando son los acusadores los que deben mostrar las evidencias de la culpabilidad. No hay -ni hubo nunca- ninguna prueba de la supuesta complicidad de Jorge Bergoglio con la dictadura argentina de 1976. Lo cierto es que es -y será- el único Papa argentino en la historia de la Iglesia Católica, pero los difamadores tienen que manchar ese honor de nuestro país. Ya nos trascendió a los argentinos, ahora es el jefe espiritual de 1200 millones de católicos en todo el mundo.




(C) Hugo Morales Solá

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