Poemario: "Hebras de tristeza"

Un ángel dormido
descansa sobre el
párpado de tu sueño.
Tú sueñas que el cielo te protege,
y él, que la tierra lo abriga.

Pero sólo la vida es real,
como la tibieza de tu vientre henchido.
Ahí se encarnó el amor.
No hay mayor descanso
que la líquida ternura de tus pechos.

Vuélvete, si puedes,
que los días evaporarán la felicidad
y el sol comenzará a descontar su luz.
Tu eres la semilla que brotará
del útero inagotable
y tu palabra desovará
en la oscuridad del silencio.

Tierra de ciegos
que no creen ni lo que ven.
Cielo de luces
que ven hasta lo que creen.
Vuelves a nacer y vuelven a matarte.
Tú te vistes de Hombre,
nosotros nos vestimos de dioses.

Las lágrimas de los cerezos
cuelgan como estalactitas
de soberbia que nos tapan el sol.
Y nos sentimos el Universo.

Tú caminas en las calles ruidosas,
levitas entre el apuro de la muchedumbre
y tus rayos de humildad
no pueden entibiar la sangre fría
de los transeúntes aturdidos por el festejo.

A lo lejos, muy lejos, una ballena cruza
altamar sólo para aparearse.
Aquí, en esta ciudad de sangre y fuego,
los hombres caen y se lapidan una vez.
Y otra vez.
No tiene fin, no lo quieren. 

Hoy llueven hebras de tristezas.
Rézate, antes de que la Tierra
arda de vanidades.
Vestidos de dioses, estamos solos.
Y Tú, vestido de Hombre,
buscas los pasos de nadie a tu lado.

Seguirás buscando.
Seguirás naciendo.
Seguirás muriendo.
El amor, eso sí, no muere.


©Hugo Morales Solá


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