La "revolución": volver a las fuentes del Evangelio

Dicen que antes de venir a Brasil el Papa Francisco había dicho que le daba tristeza los sacerdotes que se manejan en autos lujosos. No aludía, por supuesto, a los curas de calle ni menos a los de América Latina. Es que había observado algunos estacionamientos del Vaticano, donde había autos de alta gama y aun blindados. Por eso, tal vez, cuando llegó a Río, pidió que lo trasladen en un auto pequeño, típico de la familia de clase media, y con las ventanillas abiertas. Son gestos que transmiten muchos valores, aunque no falten quienes lo califican por eso de demagogo. No le importa la custodia que lo aleja y lo blinda de la gente, aunque deba someterse inevitablemente a una protección mínima, su mejor custodio es Dios. Helder Cámara habría estado feliz con Francisco, porque él reclamaba precisamente ese estilo de los pontífices. Él precisamente lideró en 1965, unos días antes de que finalizara el Concilio Vaticano II, a un grupo de alrededor de 40 obispos, varios de ellos latinoamericanos, para elaborar y suscribir el compromiso de llevar una vida más ajustada al mensaje del Evangelio. Fue lo que se conoció después como el Pacto de las Catacumbas, porque las reuniones tuvieron lugar en las catacumbas de Santa Domitila, luego de celebrar la Eucaristía y prometer "ser fieles al Espíritu de Jesús". Son 13 puntos de compromiso intenso con sus comunidades y con los valores evangélicos que valen la pena leer (http://t.co/RTkpuEJJ8j). En ese camino parece ir el papado de Francisco. Una "revolución" que, a no dudarlo, va a generar resistencia, pero sobre todo muchas más adhesiones.


(c) Hugo Morales Solá

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