Los menhires de Tafí del Valle y la cultura de los tafíes - Parte II

De alguna manera, las esculturas de piedra que dejaron los antiguos tafíes quisieron -y quieren, todavía- transmitir la presencia viva de este pueblo, no sólo a través de su legado cultural sino como mensaje perenne de que su extinción no significó la muerte definitiva. Todo lo contrario: murieron, sí, para nacer de nuevo en esos cuerpos inmortales de piedra, vivos y renovados, respirando entre la piel siempre nueva de la roca indestructible.
Los siglos trajeron también el incremento de la población y la creación de nuevas formas de urbanización, adecuadas a las dimensiones de aldea que ya exhibía el cuerpo social de esta comunidad. El tejido de las construcciones comenzó a enlazarse y unirse definitivamente entre las primeras estructuras grupales de edificación, que estaban reunidas sobre todo hacia la zona de La Angostura. Los primeros patios rituales cedieron después a la gran plaza colectiva de todas las ceremonias y la vida de la comunidad. Pero el conglomerado urbano importante se desplazó definitivamente hacia las alturas de Carapunco, en cuya vecindad están actualmente los restos arqueológicos de La Bolsa. Allí aprendieron igualmente las artes de la alfarería, cuya creación artística no brilló como en la piedra, sino que se mostró discreta y primaria, ruda y casi monocromática. Lo que más se conoció fue la cerámica de uso doméstico, así como alguna escasa de destino ritual.
Lo cierto fue que los menhires fueron los pontífices necesarios entre los hombres y los dioses, el puente que unía los ruegos de los tafíes con la voluntad de la divinidad creadora de su mundo. La inclinación de sus cuerpos y la orientación de sus rostros describen con claridad esa función. Siempre, en efecto, estaban mirando al Este, al punto donde nace cada día el sol, padre de todas las deidades, para que su petición tuviera una conexión directa con el astro supremo de los cielos. Ese era el sentido profundo de su presencia: presidir todas las ceremonias religiosas de las familias, primero, y del pueblo todo, después. Por eso, los patios de cada grupo familiar tenían entronizado un monolito en cuya piel de piedra podía tener inscripto las figuras de círculos concéntricos, de felinos o de víboras, incluso de serpientes con cabezas humanas. En torno suyo, se colocaba toda la ornamentación ritual y los hombres se reunían bajo la advocación de los primeros hechiceros.

Vicarios divinos

Desde luego que el avance de los siglos trajo la evolución cultural de los tafíes, su transformación en aldea demandó de nuevas costumbres y hábitos de convivencia que respondiesen a las necesidades de todas las grandes familias que habían originado este pueblo. El espíritu religioso fue desarrollándose, del mismo modo, hacia estadios superiores del alma colectiva. Pero la presencia de los dioses de piedra, hundidos en la tierra primordial de los tafíes, nunca fue abandonada, sino todo lo contrario: la vicaría divina que ejercían en la tierra tenía la obligación de tutelar a una aldea cada vez más populosa. El culto convocó cada vez más al espíritu comunitario para ir abandonando el perímetro familiar. En la zona de Casas Viejas, pueden verse todavía restos de lo que fuera uno de los más importantes centros ceremoniales, donde fue encontrada, naturalmente, una mayor concentración de menhires.
El progreso de esta cultura mojó igualmente todas las actividades económicas y políticas, así como a la dinámica social. Todo lo cual pudo absorber también del intenso diálogo intercultural con otras culturas contemporáneas de la región, cuya más poderosa influencia operó desde la cultura Condorhuasi, que se desarrolló en el valle catamarqueño de Hualfín, con quien abrieron un enriquecedor intercambio de bienes materiales y espirituales.
Lo concreto fue que los tafíes perfeccionaron notablemente su capacidad de aprovechamiento de las tierras aptas para los cultivos que practicaban, mientras al mismo tiempo ensanchaban la frontera de esos terrenos cultivables en el pequeño valle de Tafí. Otro tanto hicieron con los rebaños familiares que llegaron a convertirlos en verdaderos ganados de llamas y vicuñas. La explotación agropecuaria sistematizada les permitió a través de los siglos mejorar las especies animales para diversificar su utilidad laboral y comercial. Llegaron a criar llamas para el transporte de cargas y otras para aprovechar su lana para los tejidos, además de las que obtenían para la alimentación.

Diálogo de culturas

La coexistencia pacífica, en líneas generales, de estos pueblos de valles cercanos abrió el dialogo intercultural y el tránsito de influencias sobre los saberes de cada sociedad. El perfeccionamiento del uso del fuego y el hallazgo de minerales y metales en las montañas que los envolvían potenció su ingenio hasta crear la metalurgia, un arte que les permitió forjar piezas de utilidad doméstica, ritual y militar. Pero la alfarería rudimentaria que practicaban en el valle de Tafí sintió también el progreso que traía la interculturalidad. La cerámica exhibió entonces mejor calidad de manufactura y mayor estilo, diseño y variedad de colores en la creatividad de los tafíes. El arte sobre la piedra sintió, a su vez, el viento de los siglos que insufló sobre las manos artesanas la inteligencia modernizada para crear nuevas técnicas de cincelado, así como el descubrimiento de nuevos yacimientos de imaginación para trabajar, crear y recrear el arte sobre las rocas.
Hasta que la ciencia perdió el rastro de su existencia en el valle, alrededor del año 800 después de Cristo, esta cultura, que había amanecido un milenio antes, mostró a la historia el desarrollo cultural de un pueblo antiguo pero de abundantes potencialidades espirituales, que llegó a tapizar el valle tafinisto de aldeas tuteladas por uno o más pastores de piedra, de estatura gigantesca, capaces de tocar las nubes y hacer escuchar las oraciones de su feligresía casi al oído de los cielos. Todo el valle se pobló de ellos, de los hombres de carne y huesos y de los sacerdotes de piel de roca.

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Fuentes:
# Menhires: La verdadera historia - Centro de Rescate del Patrimonio Cultural - UNT
# Manasse, Bárbara - Una historia alternativa sobre el pasado prehispánico del valle de Tafí - Escuela de Arqueología – SECyT (UNCa)
# Geoarqueología de Carapunco, Tucumán - Andrés Gustavo Herrera - Facultad de Ciencias Naturales e Instituto Miguel Lillo. Universidad Nacional de Tucumán.
# Vivienda vernácula del noroeste argentino. El caso de la vivienda rural de Tucumán. Siete aspectos para una definición de la vivienda rural del Valle de Tafí - Gabriela Claudia Pastor - Universidad Nacional de Tucumán.
# Reproducción social doméstica y asentamientos residenciales entre el 200 y 800 d.C. en el Valle de Tafí - Julián Salazar - Tesis doctoral en la Facultad de Filosofía y Humanidades (UNC).
# Sitios web: www.tafidelvalle.com - www.nortevirtual.com - www.naya.org.ar -www.identidadaborigen.com.ar - www.lagaceta.com.ar - www.enteculturaltucuman.gov.ar

(c) Hugo Morales Solá



Comentarios

Mecha GR ha dicho que…
HOLA, QUICIERA SABER SI HAY ALGUNA IMAGEN DE VISTA AEREA DE RESTOS DE LAS VIVIENDAS DE LA CULTURA TAFI
GRACIAS, SALUDOS!
EXCELENTE BLOG! EXCELENTE INFORMACION!

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