martes, 13 de agosto de 2013

Poemario: "La sangre de las uvas"

Hay uvas que han muerto
para que su sangre no muera más.
Hay dioses que han muerto
para que todos se hagan uno.
Cuando los hombres descubran
que el estornino es espejo de su grey,
aunque vuele solo,
entonces, recién entonces,
morirán a la muerte.
Quieren perdurar y perdurar,
vivir como las higueras
para acopiar brevas
y henchirse de su propia gula.
Nadie más come donde comen ellos.
La vida es un bosque de nieblas,
donde caza y muere el cazador.
Dicen que los dioses han muerto
para ser uno.
Para que los hombres
descubran que no hubo principio
ni habrá fin.
Para que la sangre de las uvas
no muera más.


© Hugo Morales Solá

domingo, 4 de agosto de 2013

La "revolución": volver a las fuentes del Evangelio

Dicen que antes de venir a Brasil el Papa Francisco había dicho que le daba tristeza los sacerdotes que se manejan en autos lujosos. No aludía, por supuesto, a los curas de calle ni menos a los de América Latina. Es que había observado algunos estacionamientos del Vaticano, donde había autos de alta gama y aun blindados. Por eso, tal vez, cuando llegó a Río, pidió que lo trasladen en un auto pequeño, típico de la familia de clase media, y con las ventanillas abiertas. Son gestos que transmiten muchos valores, aunque no falten quienes lo califican por eso de demagogo. No le importa la custodia que lo aleja y lo blinda de la gente, aunque deba someterse inevitablemente a una protección mínima, su mejor custodio es Dios. Helder Cámara habría estado feliz con Francisco, porque él reclamaba precisamente ese estilo de los pontífices. Él precisamente lideró en 1965, unos días antes de que finalizara el Concilio Vaticano II, a un grupo de alrededor de 40 obispos, varios de ellos latinoamericanos, para elaborar y suscribir el compromiso de llevar una vida más ajustada al mensaje del Evangelio. Fue lo que se conoció después como el Pacto de las Catacumbas, porque las reuniones tuvieron lugar en las catacumbas de Santa Domitila, luego de celebrar la Eucaristía y prometer "ser fieles al Espíritu de Jesús". Son 13 puntos de compromiso intenso con sus comunidades y con los valores evangélicos que valen la pena leer (http://t.co/RTkpuEJJ8j). En ese camino parece ir el papado de Francisco. Una "revolución" que, a no dudarlo, va a generar resistencia, pero sobre todo muchas más adhesiones.


(c) Hugo Morales Solá

sábado, 3 de agosto de 2013

Gestos y mensajes de Francisco

  Ahora que han bajado un poco las aguas de la visita papal a Río de Janeiro, pienso. ¡Cuánta pobreza espiritual de la oposición y los medios de comunicación, cuando lo único que pudieron interpretar del regalo que le hizo Francisco a Cristina Kirchner para su nieto fue ironizar que la marca brasileña de esos zapatitos no se podía importar por la política proteccionista del gobierno nacional! Pregunto: ¿nadie pudo ver el gesto de reconciliación (si es que hacía falta una reconciliación) y acercamiento con la Presidente de su país, que es también su presidente, en tanto argentino? ¿Nadie puede ver un gesto de misericordia y calidez humana? Cuando el Papa llevaba personalmente su maletín, como lo hizo siempre e incluso tal vez sea el mismo portafolios que cargaba en Buenos Aires, se preguntaban qué llevaba en su interior para que no permitiese que nadie lo haga por él, cuando lo único que hacía era seguir siendo el mismo hombre normal, de carne y huesos, que había sido hasta hace cuatro meses atrás. Son tan simples los mensajes que da Francisco en cada paso que hace, pero a la vez tan profundos. Sin embargo, es tan difícil comprenderlos, tal vez por su desuso, porque a fuerza de habernos olvidado de vivir de esa manera tan sencilla y transparente, muy pocos pueden verlos.


(c) Hugo Morales Solá

miércoles, 31 de julio de 2013

La novedad del Papa Francisco

    ¿Ha dicho algo nuevo el Papa Francisco respecto de temas que la agenda de los medios de comunicación y la opinión pública han ubicado como centrales entre las preocupaciones de las sociedades de nuestro tiempo? No. Rotundamente no ha dicho nada nuevo que la Iglesia en su doctrina social como de la fe no lo tenga ya consagrado desde hace siglos, porque muchas de esas cuestiones están inscriptas en los dogmas de la fe de los cristianos. 
   Lo que, en todo caso, ha hecho Francisco ha sido replantear y reubicar esos temas a la altura de nuestro tiempo. Darles una mirada moderna, mejor dicho posmoderna, incluso, hipermoderna, como se prefiere llamar ahora a la posmodernidad. Remozar el rostro de la Iglesia con un baño de misericordia y cercanía a la gente. Desacartonar y descontracturar los ritos y formalidades de una curia que estaba anquilosada y alejada de los hombres y mujeres de a pie, de sus preocupaciones y vicisitudes, de las marchas y contramarchas del mundo que se muda de costumbres, de valores y culturas como los reptiles cambian su piel, aunque éstos lo hacen por otra. El mundo actual, en cambio, transmite la sensación de que ha quedado desnudo de principios y paradigmas que sostengan la convivencia y la vida de los seres humanos sobre el planeta y que naufraga en el relativismo más atroz, que destruye todo lo que toca. 
     ¿Qué se esperaba: que Francisco diera un giro de ciento ochenta grados a la doctrina católica, que autorizara el matrimonio gay y el sacerdocio de la mujer? Francisco, en todo caso, ha transmitido, con sus gestos y sus palabras, la intención de renovar las capas más periféricas de la identidad del catolicismo, pero su núcleo más duro permanece -debe permanecer- intacto. Por eso fue el cardenal más votado, después de Ratzinger, en la elección de Benedicto XVI, y fue el elegido de su predecesor en su propia elección como Sumo Pontífice. Desde luego, entonces, que existe una continuidad doctrinal entre ambos papados. Lo cual no impedirá, por supuesto, que encare algunas reformas pastorales y burocráticas, que permitan incluso el avance de los puestos de la mujer en la conducción de los organismos vaticanos, en tanto esas funciones no exijan de prelados para llevarlas adelante.
   Pero, ¿es suficiente esa impronta del pontificado de Francisco para inaugurar una nueva era, un cambio de época, en la vida de la Iglesia católica, que sume y no reste ovejas a su rebaño? Él mismo ha mandado a sus pastores a impregnarse de olor a ovejas, lo cual significa, en otras palabras, enviarlos a mezclarse con el mundo y pensar y sentir, y mirar la vida de los hombres como los hombres mismos, desde sus problemas, sus dolores, sus dichas y sus desdichas, pero por supuesto abiertos a la trascendencia del mensaje evangélico. “Estar en el mundo sin ser del mundo”, tal como mandó Cristo a sus discípulos hace más de dos mil años. Ni más ni menos. 

 Del Gatopardo a Francisco 

   ¿Cambiar un estilo, entonces, para que nada cambie? Desde luego que no. Lo que quiere es que los cristianos, en general, y los sacerdotes, en particular, replanteen y modernicen su modo vivir y convivir y de creer en el mensaje del Evangelio para llegar mejor a la gente, para que desde esa vecindad se haga más efectivo su trabajo de pescadores de almas. Su mensaje es claramente una demanda de regresar a las fuentes, a los valores evangélicos y sobre todo a su práctica, en un mundo que día a día se deshumaniza más. Ese, sí, es el gran cambio. Pero hay pilares de sustentación de una fe que por su propia naturaleza deben ser firmes en sus cimientos, aunque flexibles en su estructura para poder soportar los vientos de altura. Esa es la diferencia entre lo absoluto y lo relativo. Cuando se creó, por ejemplo, la Teología de la Liberación, en la década de 1970, sus mentores no intentaron demoler las bases dogmáticas del cristianismo, sino adaptarlas a una realidad desesperante de injusticias y desigualdades sociales. Fue una cuestión de método, de abordaje del mensaje evangélico para luchar contra ese flagelo latinoamericano. Fue una teología de compromiso social activo e intenso de lucha en contra de la pobreza extrema y mortal del continente sudamericano. Esa lucha incluyó, por supuesto, lo político, cuyas ideologías todo lo abarcaban en esa época, y muchas veces se desdibujó la frontera entre religión y política. Pero nunca pasó de la dimensión metodológica del fenómeno.

¿Hacer líos? 

    A los jóvenes, les dijo que “hagan líos” en sus comunidades y que sean “revolucionarios”. ¿El lío de la discordia, la revolución armada de los años setenta? Desde luego que la mera pregunta es absurda. Hacer líos suena a sacudir los espíritus narcotizados por el individualismo y el relativismo, donde la mayor divinidad es el “yo mismo” y todas las religiones, las ideologías, las ciencias y las culturas, en definitiva, se tejen y destejen alrededor de esta medida. Sabe a volver a la búsqueda de lo absoluto, de los paradigmas que tengan como centro a la dignidad de la persona y la promoción de todo el ser humano, del respeto a la justicia social y a la libertad por sobre el culto a los fundamentalismos económicos que devastaron nuestras sociedades. Esa revolución debe vibrar primero en la interioridad de cada uno, porque será en esa medida que la revolución se transmitirá y podrá consolidarse como vehículo de paz, en tanto miremos al otro como a nosotros mismos y seamos instrumento de su servicio sin servirnos de él.

¿Y la mujer? 

    Desde ese cristal, Francisco mira -y ha opinado- sobre la mujer de este tiempo y ha revalorizado su dignidad para ubicarla en el lugar de la Virgen María. Pero su opinión ha sido más bien un reacomodamiento a la actualidad de lo que sobre este tema ya vienen diciendo los padres de la Iglesia desde hace tantas encíclicas. De todos modos, no se quedó en esa revalorización de la naturaleza femenina sino que ha dicho, a modo de anuncio, que es necesario una teología de la mujer. Lo cual significa abrirse a los misterios de su humanidad y de la palabra de Dios para desentrañar nuevos modos de interpretarla, comprenderla y volver a revalorizarla, según la demanda de cada tiempo. Insistir, en ese contexto, en el sacerdocio de la mujer, por ejemplo, se parece más a una obstinación feminista, que pretende ocupar roles masculinos y terminar así masculinizándose en lugar de rejerarquizarse. La igualdad de sexos significa ser iguales en dignidad. Y lo somos, en efecto. Pero en modo alguno quiere decir mezclar las funciones que son privativas de cada uno. 

El mundo gay y los divorciados

    Del mismo modo, ha hablado sobre el mundo gay, del cual ha dicho que él no es nadie para juzgarlo y que esas personas merecen su integración y respeto sin ninguna discriminación. Es más, él mismo ha aceptado colaboradores con algunas presuntas historias de homosexualidad, si es que esa tendencia está controlada en sus actos. Porque no se juzga a las personas sino al acto homosexual. Otro tanto ha hecho con los divorciados, sobre quienes ha insistido en el gesto misericordioso y contenedor de la Iglesia, pero ha vuelto a marcar el límite que ya estaba marcado: la comunión de los divorciados es posible, en tanto no existan nuevas uniones de parejas, porque sino sería la propia Iglesia quien iría en contra del sacramento del matrimonio. 
   En fin, son los dogmas de la fe de los católicos los que amojonan la vida espiritual y la convivencia de los cristianos. Ellos son precisamente parte de aquel absoluto, hacia donde el mensaje de Francisco ha querido reorientar sobre todo a la juventud, para reconstruir desde ahí una existencia maciza, trascendente y definitiva, que dura justamente porque conserva su forma, y rompa (“revolucione”) con los mandamientos temporales, los proyectos provisionales y los intereses egoístas que, como enseñó el sociólogo polaco Zygmunt Bauman, pertenecen a esa naturaleza líquida, que se transforma constantemente, toma infinitas formas y fluye en la dirección de cada uno de los egoísmos. Esa conciencia volátil y soluble gobierna la vida de los hombres y mujeres del nuevo milenio. Por ella va el Papa Francisco. Esa es su novedad. 
   ¿Una utopía? Puede ser, pero hace mucho tiempo que un ideal no es el motor del progreso de las sociedades. Cuando Karol Wojtyla llegó a Roma, llevaba en su cabeza la utopía del fin del comunismo, que tanto daño había hecho a las libertades de su pueblo. La utopía se hizo realidad. Y pudo verla, aunque no imaginó que las mismas cadenas que cortaba desatarían también las fuerzas del capitalismo más salvaje que conoció la historia. 

 * * * 

© Hugo Morales Solá

La prensa y el Papa


   Cuando se trata de los temas de espiritualidad, de religión y la fe, sobre todo de los católicos, aparecen otra vez tan patentemente los profundos vacíos y deficiencias del periodismo. Que el mundo se asombre del estilo del Papa Francisco se puede comprender fácilmente, pero que los periodistas argentinos y sobre todo porteños se muestren igualmente asombrados por la personalidad de Jorge Bergoglio y vean ahora una transformación sorprendente no sólo de su estilo de ministerio sino incluso de su modo de ser y aun de su ánimo, refleja, por lo menos, indiferencia de la prensa. Dicen que era callado y de un andar melancólico y se preguntan dónde tenía guardada tanta energía y esa mirada tan ajustada a nuestro tiempo. Evidentemente no lo conocen, a pesar de haber convivido tantos años entre ellos. Sólo miraron sus homilías tantas veces crispadas no sólo para marcar errores del gobierno nacional sino para ser más duro todavía con la propia sociedad porteña. Pero al parecer nunca lo vieron trabajar en las villas de emergencias y en las comunidades marginales, donde sí pueden dar testimonio sus discípulos, sacerdotes y laicos, que lo acompañaron en esa tarea pastoral profunda y silenciosa, alegre y enérgica.



(c) Hugo Morales Solá

miércoles, 26 de junio de 2013

Poemario: "Plegaria"

Cuando vuelvas Padre Sol
tráeme la lluvia,
trágame el cielo
y déjame una nube de silencio
que grazne esperanzas
sobre las dunas dormidas.
Hay soldados sin espinas
que mueren de pie
en el ejército del cardonal.
La luna está sedienta
y duerme sin el satén de hielos
en la cresta de sus peñascos.
He visto al bastón del hechicero
viborear en la greda
y temblar entre las rocas.
He visto a la serpiente de dos cabezas
llamar a la lluvia,
lamer la piel de sus ancestros
y rasgarse el vientre en el espinar.
Y tú, Padre de las nubes
cicatriza las grietas de este valle ocre.
Tus lenguas de fuego
han malherido a las uvas
y han traído una quietud de muerte
sobre el maizal.
Apaga las súplicas de mis hermanos,
llueve sobre este lecho ardiente,
moja esta tierra reseca
y desarruga los remolinos de desasosiego
que oscurecen sus atardeceres.

© Hugo Morales Solá

 Mi columna en El Corredor Mediterraneo. Revista cultural de Río Cuarto. Córdoba.  https://acrobat.adobe.com/link/review?uri=urn:aaid:scds:U...